El hueco #39

—Me harté de acumular nombres que no servían para nada. Así que dejé de preguntarlos.
—¿Por eso no me has preguntado el mío todavía?
—Contigo es distinto. No lo necesito. Es como un nuevo inicio. Nuestros nombres eran lo único que nos quedaba de antes. Ahora ya no importan.
—A mí sí me gustaba saber los nombres. Estarás de acuerdo conmigo que no sería lo mismo estar con un Sergio que con un Eustaquio, ¿no?
—Estuve con tantos Sergios que no les podría poner cara a ninguno. De un Eustaquio me acordaría, eso seguro. Y de los anónimos, recuerdo cómo se movían, el color de sus ojos, el lunar en el antebrazo al arremangarse su jersey rojo.
—¿Crees que sería distinto si tampoco tuviéramos pasado? Si nunca habláramos de él como no hablamos de los nombres.
—Lo hemos dejado atrás. Es prácticamente lo mismo, creo.
—No, porque aún arrastramos sus consecuencias. ¿Cómo seríamos ahora sin sufrir por todo lo que hicimos, por todo lo que nos hicieron? Sin todo ese peso.
—Más ingenuos. Y no sé si me gustaría, también te lo digo. Partiendo de cero, quizás nos permitiríamos disfrutar más, pero también cometeríamos más errores. Y sobre todo, no estaríamos aquí.

Fotografía: Théo Gosselin.

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